El Ruleco


 Ruleco - 1982
Imagen: Jorge R. Hernández 
        En esta ocasión recordamos a uno de los personajes más populares de Isla de Toas: Ángel Francisco Morales Díaz,  más conocido como el Ruleco.  Hijo de Francisco Morales y Ana Díaz, recibió ese apelativo debido a que presentaba una afección congénita en sus extremidades inferiores, que le provocaban alteraciones  al caminar. Su marcha era inestable, necesitando balancear el cuerpo y los miembros superiores para poder mantener el equilibrio. Ya de adulto fue sometido a varias intervenciones quirúrgicas en el Hogar Clínica San Rafael de Maracaibo, pero con resultados pocos favorables, luego recurrió al uso de un bastón.
                                                                             
                                   Sus Padres: Francisco Morales y Ana Díaz
                                                Imagen cortesía de Yanitza Arrieta
         Fue un niño bellaco, sumamente tremendo, él mismo nos contaba que en una oportunidad, jugando al  médico, intentó inyectar a su hermana con una jeringa que consistía en un fósforo encendido; en otra ocasión atrapo un gato que merodeaba por su casa y  amarró a la cola del animal  el rabo de un volantín al que prendió fuego, el gato salió maullando,"esmelenao" (corriendo ) y no se le vio nunca más por los alrededores.


El Niño Ángel Francisco y una Hermana
Imagen Editada. Original cortesía de Yanitza Arrieta

            Ayudando a su padre aprendió el oficio de carpintero y con motivo de haber cortado algo mal una madera, ante el reclamo de su padre contestó: "Te disgustáis por que me quedó un poco torcida esta tablita y vos Papá, que sois Maestro Carpintero, ve como me hicistes a mi " .
                                          
Casa de la Familia Morales en colores verde y blanco
Imagen: Jorge R. Hernández. 2003.

             La casa de la familia Morales, en El Toro, estaba ubicada sobre un pequeño cerro y su acceso era algo pedregoso, por lo que Ángel, que gustaba de salir  a visitar familiares y amigos, sufría allí frecuentes caídas, pero gracias a su fuerte musculatura, adquirida en su trabajo, se levantaba rápidamente y seguía, siempre con una sonrisa. La casa de mi madre, María Teodora Hernández Morales, que era su prima hermana, aunque él la  consideraba y trataba de Tía, era uno de los sitios de visita habitual; allí conversaba y nos refería las anécdotas y chistes, los propios y los que había escuchado en los otros lugares que frecuentaba en los diferentes caseríos de la Isla. Esos chistes siempre los acompañaba de una risotada, que muchas veces  eran una carcajada que cambiaba de tonalidad, comenzaba con un Ja, ja , ja  y  finalizaba en un Ji, ji, ji.  En el patio de  nuestra casa solía acostarse en una banca alargada, situada cerca de la orilla de la playa y allí con la brisa del mar eventualmente se quedaba dormido. En ese mismo patio a veces jugábamos bolas criollas y cuando  él participaba,  daba  indicaciones a su compañero de como  lanzar las bolas  y cuando deseaba  que le aplicaran cierto efecto, decía:  ¡ Jardeala primo, jardeala ! Recordamos también una canción que allí le escuchamos varias veces, una décima escatológica y soez que llamaba la Décima de los Cocios y cuyo verso más comedido expresaba:
                                      El día que yo comí
                                      frijolillos con cocíos
                                      no sabe Ud. amigo mío
                                      en el apuro en que me vi
                                      a la carrera salí
                                      zafándome el pantalón
                                      pero aquella aventazón
                                      que mi barriga tenía
                                      era una sola peazón.
                                               


Posando en el Patio de Mi Casa
Imagen: Álbum Familiar

             De las anécdota del Ruleco  la más difundida es la que le sucedió un día en que estando bañándose en la playa y con medio cuerpo dentro del agua, conoció a una joven con quien entabló conversación y como simpatizaron, quedaron de verse por la noche en la plaza, la muchacha salió del agua y no tuvo oportunidad de verlo de cuerpo completo. Por la noche la joven le esperaba sentada en la plaza pero al verlo llegar, sorprendida y desconcertada expreso: ¡ Ayy No  !,  ¡ Así  No !  y sin más palabras lo dejo solo en el sitio.

                  El Joven Ángel Francisco en el centro entre dos amigos
                                                  Imagen cortesía de Yanitza Arrieta

          Durante los Carnavales le gustaba disfrazarse, aunque era fácilmente identificable por su caminar, sin embargo en una oportunidad disfrazado se dirigió hacia una pista de baile colocada en el caserío Sotavento; a medio camino se apoyo en una cerca de madera para descansar, en eso pasa una señora y hablando con ella le aseguró que él podía hacer buenas imitaciones de algunas personas, por ejemplo del cojito de Francisco Morales, empezó a caminar y la señora inocentemente exclamo: ¡ Pero si lo hace igualito !  y él entonces explotó en una gran carcajada.
              Su padre, como carpintero que era, fabricaba  féretros de madera para la funeraria que poseía, por lo que el Ruleco  asistía a los velatorio como representante de la misma, pero además para contar chistes de acuerdo a la costumbre del pueblo y en ello permanecía hasta avanzadas horas de la madrugada. En esa época, por ser de madera, las  tapas de los féretros eran clavadas poco antes de proceder  al entierro y en una ocasión que le  asignaron a él dicha tarea, al comenzar a utilizar el martillo, la viuda en un cuarto contiguo exclamó en llanto " Escuchen ese golpe" y él desde donde estaba riposto  ¡ Y de a clavado !
              Pasado el tiempo quedó solo en la casa y como ya salía poco, se sentaba frente a la ventana a ver pasar a la gente y a escuchar música, especialmente las de un cassette que le regalara   Karina Cruz con sus interpretaciones. Sentado allí lo encontraba yo al visitarlo, en una oportunidad me refirió que en noches pasadas había soñado con el 400 y siendo aficionado a las rifas y loterías, le pidió a un sobrino que le comprara ese número, al día siguiente ve desde la ventana  que su sobrino subía el cerro y le hacía una seña con cuatro dedos, cuando llegó le preguntó expectante ¿ Salió el numerito ? y él le contestó - Sacaste el azúcar en 400 - Le habían realizado una glicemia porque se le había desarrollado una diabetes.
              El Ruleco a pesar de dar una imagen un tanto ruda, en verdad era una persona sentimental, muy bondadoso, dispuesto siempre a ayudar a sus semejantes, en otras palabras una muy buena persona y aunque las piedras del camino le hacían rodar y rodar, se levantaba y llegaba siempre a su destino. No era el Rey, pero era y es el "Ángel " que hoy recordamos.


                                                                 Jorge R. Hernández

centinela del lago                            

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