en Isla de Toas y muchos recuerdos
Se dice que recordar es vivir y por ello he querido ofrecer a mis familiares y allegados algunos recuerdos, en especial a mi hermana Iris que fue partícipe de esas vivencias, sin embargo teniendo en cuenta que todos los toenses tenemos algún grado familiar, he decidido publicarlo y compartirlo así con toda la gran familia isleña.

Nuestra Casa en la Calle Lourdes - 1937
Nuestra casa, donde yo nací y también mis hermanas Esperanza e Iris, la mando a construir, a principios del siglo XX (1.900-1.910), José Trinidad Oquendo Troconis. Allí formó su hogar y crio a sus hijos, uno de ellos era el Dr. Luis Oquendo. En 1.929 los hermanos Oquendo vendieron la casa al Sr. Arturo Rafael Celis quién a su vez en 1.935 se la vende a María Teodora Hernández, mi madre, quien ya vivía allí desde algunos años antes.
La casa, situada en la calle Lourdes a orillas de la playa, a unos 50 metros del puerto de la pequeña bahía del El Toro, constaba de tres piezas cuyas paredes estaban construidas con piedras de ojos, varas y conchas de cocos, unidas y revestidas por una mezcla a base de cal, los techos eran de eneas en doble vertiente, anterior y posterior. Esa enea procedía del Gran Eneal de la Laguna de Sinamaica de donde era precisamente nativa mi madre. En la fachada destacaban una puerta central y dos ventanas laterales de madera, cada una equipada con una especie de resguardo también de madera que sobresalía ligeramente. Además, contaba con un sócalo prominente que le confería un carácter distintivo.
En la primera pieza estaban la sala y a la derecha el cuarto principal, ambos tenían el piso de cemento pulido. En la sala estaban presentes algunos muebles de Viena, entre ellos un sofá, dos poltronas, una mecedora y dos percheros: uno de pared y otro de pie. Lo habitual era que la ventana y por lo menos una hoja de la puerta permanecieran abiertas durante el día. En las paredes estaban incrustados unos salientes de madera que poseían una cabeza abultada de forma poligonal y un cuello donde se sujetaban los mecates para colgar las hamacas donde dormíamos.

Sala
Imagen: Creación y Edición Jorge R. Hernández
Un tabique o cancel de cartón permitió crear un segundo cuarto en esta estancia, en él se guardaban entre otras cosas mi velocípedo y un caballito de madera.
Otros juguetes que recuerdo, aparte de los tradicionales trompos, emboques o perinolas, yoyos y metras son un camioncito, una locomotora, un avioncito, un trompo de colores y algunos revólveres vaqueros que utilizaban unas cintas de papel con unos pequeños deposito de pólvora que estallaban al ser golpeados por el percutor, uno de esos fue un regalo de mi tío Pancracio González en una de sus visitas a la casa. También tuve un barquito de madera de unos 40 cm. de eslora y 15 de manga, que estaba muy bien estructurado, tenía su quilla, roda, codaste y las cuadernas, este me lo regaló la Sra. Conchita de Pool. En ocasiones fabricábamos unos barquitos de concha de coco, le colocábamos una vela con una hoja de uvero y la tapa de algún enlatado como quilla, luego lo dejábamos flotar en el agua y lo veíamos alejarse arrastrado por el viento.
La tercera pieza tenía un diseño bastante abierto, ya que sus paredes frontal y trasera alcanzaban solo unos 80 centímetros de altura. Durante los periodos de fuertes vientos, se colocaban esteras en la pared trasera para bloquear el paso del aire. En la zona abierta se ubicaba el comedor, donde estaba una mesa de madera y varias sillas de Viena, las famosas Thonet №14. que mi Mamá había adquirido de una tía-abuela y las cuales hasta ahora, en el año 2025, después de más de un siglo, se mantienen en excelente estado. Junto a las sillas se hallaba un rústico taburete y cerca una pipa galvanizada para almacenar agua dulce. Era Ciro Molero quien la llenaba, transportando el agua en latas desde el tanque de Gorgonio a lomos de su burro. Hacia la derecha del comedor estaba la cocina, con paredes formadas por hileras de maderos, en su interior estaba un amplio fogón y una cocinita de kerosén de dos hornillas.
Otro elemento presente era la batea de lavar la ropa, lo cual se realizaba a mano. A las prendas blancas se le colocaba añil para reafirmar su blancura y algunas debían ser almidonadas antes de plancharlas, cosa esta que se efectuaba con unas planchas de hierro que se colocaban directamente al fuego.
Batea
Para esa época, en la cumbrera y tirantes de esa pieza se la mantenía una cotorra parlanchina que imitaba el llanto de mi hermana con lo que parecía burlarse de ella. Otra cosa que hizo la cotorra fue ruñirse nuestra cuna que permanecía subida sobre dos de los tirantes. En otra oportunidad hubo un periquito cara sucia el cual si se le marcaba un ritmo sobre la mesa, elevaba las alas y daba unos pasos de baile a la vez que producía unos sonidos como de castañuelas con el pico.
Entre otras mascotas hubo un perrito nombrado Motica y una perrita llamada Linda, una hicotea que no tuvo nombre, algunas palomas a quienes se le hicieron casas con cajones de madera y unos patos que nadaban majestuosos en la Piscinita.
Entre la segunda pieza y la del comedor quedaba un espacio de unos 3 metros, una especie de patio interior donde hubo matas de granadas, lechosas, ciruelas y otras ornamentales como helechos, cayenas, Varita de San José y una de azahar que durante la floración inundaba toda la casa con su exquisita fragancia. En alguna ocasión hubo además una jaula con pollitos.
Para comienzos de 1950 las casas de los lados fueron reconstruidas y sus terrenos ampliados unos 15 metros hacia el mar mediante escolleras, de tal manera que al fondo de nuestra casa quedó un entrante de aguas, que separadas luego por una escollera transversal, tomó forma rectangular y nosotros la bautizamos como la Piscinita, que sirvió además de hábitat de algunos peces. Con el pasar de los años esta zona fue rellenada con escombros y arenas.
Entre otras mascotas hubo un perrito nombrado Motica y una perrita llamada Linda, una hicotea que no tuvo nombre, algunas palomas a quienes se le hicieron casas con cajones de madera y unos patos que nadaban majestuosos en la Piscinita.
Entre la segunda pieza y la del comedor quedaba un espacio de unos 3 metros, una especie de patio interior donde hubo matas de granadas, lechosas, ciruelas y otras ornamentales como helechos, cayenas, Varita de San José y una de azahar que durante la floración inundaba toda la casa con su exquisita fragancia. En alguna ocasión hubo además una jaula con pollitos.
Para comienzos de 1950 las casas de los lados fueron reconstruidas y sus terrenos ampliados unos 15 metros hacia el mar mediante escolleras, de tal manera que al fondo de nuestra casa quedó un entrante de aguas, que separadas luego por una escollera transversal, tomó forma rectangular y nosotros la bautizamos como la Piscinita, que sirvió además de hábitat de algunos peces. Con el pasar de los años esta zona fue rellenada con escombros y arenas.
Frente a la Piscinita
Imagen: Álbum Familiar. Edición Jorge Hernández
La construcción de estas escolleras en la zona central de El Toro y en el malecón del puerto modificó la curvatura normal de la bahía y estropeó las playas de arenas más hermosas y extensas de la Isla, la cuales se extendían desde La Piedra hasta el Morro. Lo lógico hubiera sido establecer el puerto a nivel de La Piedra y dejar intactas las playas.Imagen: Álbum Familiar. Edición Jorge Hernández
Bahía de El Toro
A la escollera transversal se accedía mediante una caminería adyacente a los linderos de la casa vecina del lado derecho. Desde allí nos lanzábamos a bañarnos, cosa que hacíamos a diario. Se puede decir que yo aprendí a nadar a la vez que a caminar. Recuerdo que en una ocasión al lanzarse mi hermana Iris y muestra sobrina Yoly Boscán al mismo tiempo, toparon sus cabezas y salieron con tremendos chichotes.
En los baños diarios y juegos por lo regular nos acompañaban nuestros amigos y vecinos. Hacia principios de los años 50 la que más frecuentaba nuestra casa era la joven Carmencita Villalobos que tenia su vivienda diagonal a la nuestra, en la misma casa en la que luego vivieron los familiares de Víctor Alvarado.
Más adelante era mi amigo Manuel Ojeda, quien vivía a dos casas y en donde desde su vivienda partía un muelle donde atracaban los barcos Bolívar y San Carlos, este último llegaba de Maracaibo los martes y jueves y luego de bajar mercancías en el puerto, otras las descargaban en el muelle de su casa donde las vendían directamente. Allí en casa de Pedro Boscán y Amira Ojeda adquiríamos los plátanos de a 8 por bolívar en época en que el cambio era 3,25 bolívares por dólar, además expendían el kerosen, el cemento y muchos otros productos.
Otras que nos acompañaban eran nuestras amigas Judy e Idalia Nava, que vivían al frente y a comienzos de los años 60 se incorporaron los hermanos Andrade que se mudaron al lado.

Imagen: Álbum Familiar
(Para identificar coloque el indicador sobre la imagen)
En los baños diarios y juegos por lo regular nos acompañaban nuestros amigos y vecinos. Hacia principios de los años 50 la que más frecuentaba nuestra casa era la joven Carmencita Villalobos que tenia su vivienda diagonal a la nuestra, en la misma casa en la que luego vivieron los familiares de Víctor Alvarado.
Más adelante era mi amigo Manuel Ojeda, quien vivía a dos casas y en donde desde su vivienda partía un muelle donde atracaban los barcos Bolívar y San Carlos, este último llegaba de Maracaibo los martes y jueves y luego de bajar mercancías en el puerto, otras las descargaban en el muelle de su casa donde las vendían directamente. Allí en casa de Pedro Boscán y Amira Ojeda adquiríamos los plátanos de a 8 por bolívar en época en que el cambio era 3,25 bolívares por dólar, además expendían el kerosen, el cemento y muchos otros productos.
Otras que nos acompañaban eran nuestras amigas Judy e Idalia Nava, que vivían al frente y a comienzos de los años 60 se incorporaron los hermanos Andrade que se mudaron al lado.

Imagen: Álbum Familiar
(Para identificar coloque el indicador sobre la imagen)
Otra actividad que se realizaba era pescar con anzuelos, generalmente bagres blancos, llamados "cagones" y los pintados o de ríos. En una ocasión mi hermana al pescar halo con tal intensidad el anzuelo que se clavo la púa de la aleta dorsal del bagre y se enrolló el cordel en la cabeza. Cuando el agua era menos salada se podían pescar pámpanos y cotíes y al bañarnos sacábamos de las arenas almejas que utilizamos como carnada para pescar. Muy frecuentemente los que picaban eran los molestosos y venenosos peces globos, llamados por nosotros "sapitos" y también las jaibas y algunos sapos cuernos.
Imagen: Creación y Edición Jorge R. Hernández
Igualmente se podían obtener otras especies, comprándoselas directamente a los pescadores, uno de ellos era Malatobo que pasaba por el fondo de la casa con su cayuco ofreciendo el pescado recién capturado. Las lisas se asaban envueltas en las hojas de las palmas de coco y los pámpanos en las de uvero. Con el robalo se realizaban inigualables albóndigas y el mejor mojito eran el de "tibrón" y el de chucho. La escollera transversal era un mirador privilegiado que regalaba vistas inolvidables. Durante el día, podían admirarse los pintorescos barquitos de madera anclados en la rada o atracados en el puerto. Con la marea alta, el agua transparentaba un mundo lleno de vida, donde se distinguían peces pequeños como jurelitos, sardinitas, los guppy conocidos como "coritos", agujetas y otros más. En aquellos tiempos, la diversidad y abundancia de la fauna acuática eran impresionantes.
Cuando las crecidas del Río Limón ocurrían, las aguas se cubrían de plantas flotantes a las que llamábamos "balsas", arrastradas hasta la bahía por el empuje de la corriente del rio. Entre mayo y agosto, un espectáculo adicional embellecía el ambiente: millones de mariposas volaban por encima de la superficie del agua y también de la tierra, en su migrar hacia el oriente. Entre ellas se podían distinguir las que llamábamos "playón", "reloj", "juana", "rey" y muchas otras.
Balsas y Mariposas
Imagen: Creación y Edición Jorge R. Hernández
Imagen: Creación y Edición Jorge R. Hernández
Las tardes ofrecían un deleite visual, durante el ocaso se podían contemplar matizados de arrebol formando bellos crepúsculos y por las noches, libres de la contaminación lumínica, bajo el inmenso cielo cuajado de estrellas, podíamos sentir el influjo que sintiera el poeta al verlas tiritar a lo lejos. Muchas de esas estrellas aprendimos a distinguirlas, lográbamos diferenciar algunas constelaciones como la Osa Mayor, la Osa Menor, las Tres Marías que forman el Cinturón de Orión, la forma de W de la constelación de Casiopea y algunas más. En noches de plenilunio podíamos contemplar a la ruborosa Luna coqueteando con El Morro mientras se empolvaba el rostro en el espejo de las aguas. Por las mañanas, el amanecer no se quedaba atrás y nos obsequiaba imágenes iguales de hermosas para empezar el día.
En la Piscinita el nivel del agua dependía de las mareas, sin embargo siempre quedaba un poco durante la marea baja, lo que permitió que allí vivieran viejitas, chernitas y algunos pequeños bagres, además de caracoles, y gran variedad de cangrejos, entre ellos los llamados moros y violinistas y muchos otros pequeños seres marino.

Todo este ambiente bucólico estaba armonizado por la música procedente de la rockola de Acapulco y en otros momentos por el batir de los marullos contra la escollera, los cuales durante la marea alta saltaban sobre ella coronados por blancos pañuelos de espuma que ya dentro de la Piscinita se acumulaban en la orilla de arenas cual nieve de mar. Otras notas la aportaban el susurro del viento entre las palmas de los cocoteros y el trinar de las gaviotas y otras aves marinas. Al llegar la noche, la música de las canciones que colocaba Guillermito en el cine llenaba el ambiente y se podía observar a muchas personas adquiriendo sus boletos y comprando cepillados en el carrito de Nico. Eso lo mirábamos desde nuestro hogar o mas de cerca sentados en la baranda de la casa de la Señora Amira, en compañía de su sobrino Manuelito.

Marea Alta - c.1960
Imagen: Cortesía de Hernán Vílchez
(Para identificar coloque el indicador sobre la imagen)
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Todo este ambiente bucólico estaba armonizado por la música procedente de la rockola de Acapulco y en otros momentos por el batir de los marullos contra la escollera, los cuales durante la marea alta saltaban sobre ella coronados por blancos pañuelos de espuma que ya dentro de la Piscinita se acumulaban en la orilla de arenas cual nieve de mar. Otras notas la aportaban el susurro del viento entre las palmas de los cocoteros y el trinar de las gaviotas y otras aves marinas. Al llegar la noche, la música de las canciones que colocaba Guillermito en el cine llenaba el ambiente y se podía observar a muchas personas adquiriendo sus boletos y comprando cepillados en el carrito de Nico. Eso lo mirábamos desde nuestro hogar o mas de cerca sentados en la baranda de la casa de la Señora Amira, en compañía de su sobrino Manuelito.
Playas detrás de las Casas - c.1962
Imgen: Redes Sociales Toenses
Edición: Jorge R.Hernández
Imgen: Redes Sociales Toenses
Edición: Jorge R.Hernández
A comienzo de los años 50 la familia de Pool, procedentes de Maracaibo, se hicieron construir al lado derecho de la nuestra una casa un tanto más moderna a la que le dieron el nombre de Clara-Elena por ser esos los de sus hijas . Ambas casas quedaron separadas por un cercado de alambre que permitió una gran comunicación y estrechar grandes lazos de amistad entre las dos familias.
Fachadas de las Casas
Imagen: Creación y Edición Jorge R. Hernández

Delante de la Alambrada - c. 1954
Imagen: Álbum Familiar
(Para identificar coloque el indicador sobre la imagen)
Ellos, los de Pool, nos regalaron un aparato de metal que tenia dos sillas deslizante, un columpio blancin o "glider swing" en ingles, al que nosotros nombrábamos simplemente como columpio, además me obsequiaron una pequeña mecedora que perteneció a su hija Elena y que yo pase luego a mi sobrina Mariela Vílchez.Imagen: Creación y Edición Jorge R. Hernández

Delante de la Alambrada - c. 1954
Imagen: Álbum Familiar
(Para identificar coloque el indicador sobre la imagen)
El Columpio
Imagen: Álbum Familiar
Imagen: Álbum Familiar
A mediados de los 50 los de Pool regresaron a Maracaibo, pero frecuentemente visitaban la Isla. Recordamos con gran cariño al Sr. Roberto de Pool y a Concepción Rodríguez, la Señora Conchita, su esposa y a todos sus hijos. Eduardo de Pool Rodríguez era mi padrino. La Sra. Conchita cuando visitaba la isla siempre se aparecía con novelas policíacas que nosotros leíamos con avidez, de allí nació mi afición por ese género de novelas, especialmente las de la autora inglesa Agatha Christie.
En 1954-55 la casa fue arrendada a una pareja de norteamericanos que llegaron a la Isla con motivo de los trabajos de canalización de la entrada al Lago de Maracaibo y la construcción del Muro de Zapara, a ellos solía visitar, para pedirles galletas, el niño Américo Valbuena y de allí que ellos le llamaran "Galletica" y le tomaran mucho cariño. Cuando regresaron a los Estados Unidos se lo llevaron con el respectivo permiso de sus padres.
Para 1959-60 se mudaron allí la familia Andrade y sus hijos, Merab y Ernesto, quienes pronto fueron nuestros compañeros de juegos y de baños en la playa.
Las casas vecinas del lado izquierdo, también fueron reedificadas a comienzo de los años 50. Las llamadas quinticas de Pedro Boscán fueron dedicadas al arriendo, en la más inmediata a nosotros en los años 60 funcionó un Almacén que pertenecía a unos árabes. Uno de ellos de nombre Fares y al que nosotros le decíamos "Freddy" vivió allí por unos años.
Calle Lourdes - c. 1961
Imagen: Edición Jorge R. Hernández
En ese almacén se adquirió un radio Philips de bulbos donde mi mamá escuchaba las radionovelas, entre sus preferidas estaban "Cadenas de Odio" con Mahuampi Acosta y Daniel Farías y Los Tres Villalobos con Luis López Puente como "Miguelón", Arquímedes Rivero como "Rodolfo" y Luis Gerardo Tovar como "Nachito". Al mediodía se sintonizaba por Ondas del Lago el programa de canciones de Armando Molero, por la tarde el rosario del Padre Olegario Villalobos en la Voz de la Fe y en la noche un programa cómico en Radio Caracol de Colombia "Los Chaparrines". Por mi parte escuchaba los juegos del equipo "Rapiños" en la Liga Occidental de Beisbol.
Las casas vecinas del lado izquierdo, también fueron reedificadas a comienzo de los años 50. Las llamadas quinticas de Pedro Boscán fueron dedicadas al arriendo, en la más inmediata a nosotros en los años 60 funcionó un Almacén que pertenecía a unos árabes. Uno de ellos de nombre Fares y al que nosotros le decíamos "Freddy" vivió allí por unos años.
Calle Lourdes - c. 1961
Imagen: Edición Jorge R. Hernández
En ese almacén se adquirió un radio Philips de bulbos donde mi mamá escuchaba las radionovelas, entre sus preferidas estaban "Cadenas de Odio" con Mahuampi Acosta y Daniel Farías y Los Tres Villalobos con Luis López Puente como "Miguelón", Arquímedes Rivero como "Rodolfo" y Luis Gerardo Tovar como "Nachito". Al mediodía se sintonizaba por Ondas del Lago el programa de canciones de Armando Molero, por la tarde el rosario del Padre Olegario Villalobos en la Voz de la Fe y en la noche un programa cómico en Radio Caracol de Colombia "Los Chaparrines". Por mi parte escuchaba los juegos del equipo "Rapiños" en la Liga Occidental de Beisbol.
En 1955-56 la última pieza, la del comedor, fue demolida y en su lugar se levanto una nueva. Construida por el Sr. Jesús Chacín con paredes de bloques, techo de asbesto y pisos de cemento, tenía seis metros de largo por cinco de ancho, quedando a los lados unos espacios o callejones de 1,5 mts., ya que el ancho total del terreno era de 8 mts. Contaba con un salón alargado y dos cuartos laterales, el más posterior sirvió de cocina por un tiempo.
Detrás se levantó un baño exterior, igualmente con bloques y techo de asbesto y luego mi Mamá construyó con sus propias manos una enramada donde hubo una cocina con paredes de cartón masonite y una zona abierta que sirvió de comedor.
Habiéndose demolido además para esa época la pieza del medio, el patio interior quedo ampliado. Allí se sembraron nuevos arboles de lechosa, hicacos, limoncito (bayas de lima), caña dulce y una de mango que no dio frutos. En 1964 la pieza anterior también fue derribada y la casa quedó con un amplio espacio en el frente que se limitó con una baranda de un metro de alto, en esa zona se irguieron frondosas matas de nísperos y un par de palmas de hojas en abanico así como algunas de ixora.
Vista del Frente en los años 70
Imagen: Creación y Edición Jorge R. Hernández
Imagen: Creación y Edición Jorge R. Hernández
En la década de los 70 en el espacio ocupado por el sanitario externo y la enramada comedor se fabricó un nueva estancia con bloques y techos de asbesto, era más amplia y tenía un salón para comedor, un cuarto, un baño y un sanitario interno . Detrás de ella se levanto un lavadero y una enramada con techos de laminas climatizadas. La cocina fue ubicada en el callejón del lado izquierdo

Desayuno en el Comedor de los Años 70
(Para identificar coloque el indicador sobre la imagen)

Desayuno en el Comedor de los Años 70
(Para identificar coloque el indicador sobre la imagen)
Para comienzos del nuevo milenio la casa fue completamente reformada, se le construyeron nuevas piezas y se le colocó a toda ella techos de platabanda, un poco antes la baranda del frente también se había modificado.
Jorge R. Hernández
centinela del lago. 2025


































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