Isabel fue una indígena a quien Alonso de Ojeda tomó en 1499 probablemente del sitio que llamaban Veneciuela ( Isla de Toas ), de donde Fernández Enciso decía que eran las mujeres más gentiles de aquellas tierras. Fue llevada a España y luego traída por Ojeda como intérprete en su segunda expedición, más tarde el conquistador la hizo su esposa y engendró con ella tres hijos.
El nombre de Isabel le fue dado por el mismo Ojeda, pero su nombre autóctono, según algunos autores, era Gunilla. Isabel sentía una gran adoración por el conquistador, era capaz de dar su vida por la de él; se cuenta que en una ocasión se lanzó al mar, desde un barco, para rescatar a Ojeda de entre las aguas
Juan Bessón en su Historia del Zulia , describe así a la indígena: "Era Isabel una india bella, de porte distinguido, esbelta, de color trigueño claro. Donde quiera que el conquistador estuvo, allí estaba ella: sumisa y amorosa echada a sus pies, la maravillosa india, llena de belleza y plena de amor hacia él, le endulzaba la agitada vida aventurera, compartía con él las vicisitudes de la guerra y le servía de intérprete en las diversas tribus a las que Ojeda trataba de sojuzgar.
En España la admiraron por su físico y por sus cualidades de ternura y devoción hacia Ojeda, de quien nunca se separaba. Allá en la Corte él la cubrió de sedas costosas y le hizo trocar su desnudez por el traje de las mujeres europeas. Usaba la célebre mantilla con mucho donaire, que daba gran realce a su bella figura y de mantilla la vieron todavía en Santo Domingo cuando allí convivió con Ojeda...
Isabel siguió a Ojeda a España, a Santo Domingo, a Urabá, a la fundación de San Sebastián, donde quiera que él poso su planta de valiente conquistador del Coquivacoa, a la luz de un candil en humilde choza, careciendo de toda clase de recursos, escribiendo memorias que desgraciadamente desaparecieron. Y mientras escribía, Isabel y sus tres hijos, acurrucados a sus pies, lo contemplaban como a un Ser Superior..."
centinela del lago




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